jueves, 6 de julio de 2017

Diario de un piano abierto: El árbol de la vida, la manzana y el poema- madrugada del 7 de julio 2017



Escuchaba la música de Arvo Pärt que evocaba al "Árbol de la vida" y que él tituló Summa. La cadencia in crescendo de la violinista Angèle Dubeau (o el ángel del paraíso) coincidía de manera asombrosa con el poema que estaba justamente leyendo del poeta Eugenio de Andrade:

Las manzanas

Del alma sólo sé lo que sabe el cuerpo:
donde la esperanza y la gracia
aspiran al ardor
del fuego está la morada del hombre.
Ve cómo arden las manzanas
en la frágil luz del invierno.
Así debería ser el
alma: brillar en el crepúsculo
sin usura ni vileza
con la compañía de las manzanas.
- Así: limpia, madura.

Cerrando los ojos como si con eso viera más claramente a las manzanas brillando en la rama del árbol, pensaba en la inocencia y en la luz. Cuál sería entonces la relación o la correspondencia entre ambas... si con los ojos cerrados nos acercamos más  a ese fuego que anhelan la esperanza y la "gracia".

Sin embargo esa totalidad que expresa Arvo Pärt lo abarca todo. La Summa de todo aquello que está entre el alma y el cielo y que simboliza esa rama dorada en donde se prende la belleza. El poema en este caso es el reverso del fruto y lo complementa en su significado. La inocencia entonces se vuelve más clara en la sombra que en la luz y el deseo animal convierte a la piel de la manzana en el origen de esa antigua belleza que brilla en el crepúsculo sin usura ni vileza.

Encontré entonces una nota al pié del diario de noviembre del 2016, que abre las alas como el pájaro que mi Ana María pone a volar entre los versos (o las ramas) de un poema de Chantal Maillard  y que de manera sincrónica al posarse hoy en el ramaje de mi alma, resplandece como una manzana en el centro de la noche: "Un poema es una señal de la inocencia…perder la inocencia, o perder el poema entre los espacios vacíos de la rama del árbol. Alejarnos de árbol a través de la conciencia en la mirada, pero algo hará que tomemos el fruto y exprimamos su dulzura en la boca. Si cerramos los ojos en el momento preciso, el instante permanece en su pureza…en su más originaria inocencia. El poema es la señal de la inocencia"



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